3 jun 2012

EN LA ETIOPIA DE LOS CORONELES

A finales de la primavera de 1980, cansado ya de mi larga y cómoda estancia en la paradisíaca isla de Lamu en la frontera entre Kenya y Somalia, con mi pierna cicatrizada y con mucho mundo todavía por ver me despedí triste y apesadumbrado de Yasmina y de su muy acogedora familia y emprendí mi camino hacia Etiopía, deteniéndome antes en Nairobi con la intención de saludar al ausente Carlos Santos que había regresado temporalmente a Madrid, así como para sacar el visado de Etiopía, recoger el dinero que mi socio Eloy el del mercadillo me había allí trasferido, y enviarle por correo a España dos cajas repletas con artesanía "swajili" y "masai".

Saliendo de Nairobi en autobús hacia el norte llegué hasta Meru entrando ya en el territorio de los "embú" y de los "kikuyos" para visitar desde Naro Moru, al norte de la ciudad de Nyeri, las estribaciones del turístico parque nacional del monte Kenya el cuál, con mas de 5100 metros de altitud es el monte mas alto de Kenya y el segundo mas alto del continente africano después del Kilimanjaro, continuando luego hacia la ciudad de Isiolo, ya en el territorio de los "samburu", y luego hacia la ciudad de Marsabit situada sobre un volcán extinguido con su cercano y bonito parque nacional con lagos y montañas en el que se conservan entre otros el kudú mayor y la cebra de Grevy en peligro de extinción.

Desde allí y ya en un camión (no había otra posibilidad) y por una pista infernal llegué hasta Moyale, ciudad fronteriza dividida entre Kenya y Etiopía y situada en una zona de frecuentes inundaciones y conflictos entre los "borans" kenyatas y los "oromo" etíopes, entrando ya en Etiopía y remontando luego por carretera asfaltada hasta las ciudades de Dila y Awasa con su hermoso lago, y Shashemené una de las ciudades origen del movimiento rastafari, luego el parque nacional de Abidjatta Salla con su gran lago y sus pelícanos blancos, Tiya con su fila de grandes estelas grabadas, y ya por fin Addis Abeba la capital de la Etiopía, controlada en aquél entonces por el coronel Mengistu después de que a mediados los años 70 fuera derrocado por una junta militar el "rey de reyes", el emperador Haile Selassie.

De Addis Abeba, ciudad fundada por el emperador Menelik, recuerdo entre otras cosas además de sus esbeltas y guapas mujeres de rasgos muy finos y una agradable y curiosa pronunciación gutural, sus iglesias, mausoleos y catedrales, así cómo la universidad con su completo museo etnográfico situado en el alto de la gran avenida que discurre hacia el norte en cuyos márgenes se encuentran también el palacio presidencial y varios hoteles, la colina de Entoto con sus bonitas vistas sobre toda la ciudad, el colorido, vistoso y empinado mercado central, y un antiguo teatro situado bajo los arcos de su plaza central al cuál accedí una vez para ver una película de "kung fu" no sin antes ser minuciosamente cacheado por la policía militar que en aquellos tiempos controlaba toda la ciudad.

Hasta Addis Abeba, en dónde obtuve no sin ciertas dificultades el visado para Sudán, el viaje había transcurrido normalmente, pero a partir de ahí comenzaron los problemas. Mi intención era viajar hacia el norte por la carretera de Eritrea (*) hasta la ciudad de Lalibela para visitar allí sus famosas iglesias talladas en la roca por debajo del nivel del suelo, y luego desviarme hacia el noroeste en dirección a Jartum (Sudán), visitando antes en ruta el gran lago Tana en dónde nace el Nilo azul con sus embarcaciones de papiro, sus islas con sus antiquísimos monasterios, así como la ciudad de Gondar, la antigua capital de Etiopía con su grandiosa fortaleza medieval, sus baños y sus iglesias circulares.

A tal fin tomé en Addis Abeba un autobús hacia Debre Birhan, ciudad a la que nunca llegué dado que en un control militar de la carretera nos hicieron bajar a los viajeros interrogándonos sobre nuestros destinos y pidiéndonos la documentación, y a mi me detuvieron y en otro autobús me enviaron de vuelta a Addis Abeba diciéndome que los extranjeros teníamos prohibido sin un permiso especial del gobierno desplazarnos hacia el norte a mas de 50 kilómetros de la capital. En la Embajada Española, en la que por cierto y con gran sorpresa por mi parte me recibió un joven secretario llamado Agustin Núñez que resultó ser de Betanzos (una población cercana a mi ciudad de donde era mi familia materna) confirmándome que ello en aquella época dictatorial era así y que aún para los diplomático era muy difícil obtener ese dichoso permiso.

Con ésa vía cerrada mi otra única posibilidad de llegar a Sudán era remontando el mar Rojo desde Djibuti, así que saqué el imprescindible visado y me fuí a la estación del tren de Addis Abeba para comprar un billete hasta ése pequeño pais. En la estación los policías militares me pidieron la documentación sin que nadie me impidiera subir al antiquísimo, lento y desastrado tren. Todo fué bien hasta la ciudad de Dire Dawa ya cercana a la zona fronteriza con Djibuti y con el problemático norte de Somalia (**). Entrando ya en el territorio de los "issas" el lentísimo tren de vapor fué bloqueado y atacado por una horda de guerrilleros?, bandoleros?, somalíes? armados hasta las cejas defendiéndose la escolta militar del tren a tiro limpio hasta que al cabo de un par de horas llegaron refuerzos de Dire Dawa y pusieron en fuga a los somalíes? dejando varios muertos sobre la arena y algunos militares heridos en el tren.

Los pasajeros, tumbados unos sobre otros en el suelo de los vagones, sudando a gota gorda y con un miedo generalizado respiramos aliviados cuando por fin llegaron los militares etíopes y todo volvió a la normalidad, pero la cosa todavía no acabó ahí, las fuerzas especiales etíopes que de ellas se trataba nos hicieron bajar a todos del tren para registrarnos y pedirnos los documentos y "la autorización para el viaje" y a mí, único europeo que iba en el tren y que por supuesto no tenía esa supuesta autorización que nadie me había proporcionado ni pedido al embarcar en Addis Abeba me hicieron regresar con una patrulla militar a Dire Dawa y al día siguiente me rebotaron escoltado hasta la capital en dónde fuí retenido sin ninguna explicación dejándome al menos eso sí llamar por teléfono a la embajada española.

Acudió a buscarme responsabilizándose personalmente de mí Agustín Nuñez, un joven secretario de la embajada española, acogiéndome en su casa en la cuál mas tarde me explicó, luego de presentarme a su agradable esposa, que estaban recién casados y que Addis Abeba era su primer destino fuera de España. Agustin y su esposa me trataron a cuerpo de rey durante los tres días que pasé en su casa, y no sólo eso, después de asearme y cortarme el pelo y la barba me prestaron ropa y me llevaron a un par de cenas con compañeros de otras embajadas tan solos y aislados como ellos en la Addis Abeba de aquellos tiempos.Agustin me ayudó a conseguir a muy buen precio un billete de avión hacia Jartum (Sudán) para poder salir del pais sin mas problemas y allí me fuí.

(*) La región de Eritrea, hoy un país independiente, fué colonizada por los italianos hasta la segunda guerra mundial y luego ocupada por los ingleses hasta 1962 en que fué anexionada a Etiopía, la cuál la convirtió en una simple provincia, ello dió origen a protestas y a crecientes conflictos armados que desencadenaron una guerra civil en 1983, obteniendo la independencia unos diez años después.

(**) Djibuti, pequeño pais situado en el golfo de Adén a la entrada del mar Rojo está protegido por la legión extranjera francesa desde su separación de Somalilandia en 1958. Su territorio y todo el entorno que lo rodea integrado en Eritrea, Etiopía y Somalia está englobado en el amplio y muy disputado territorio de los "afar" y de los "issas", éstos últimos habitantes del conflictivo norte de Somalia que continúa reclamando sus ancestrales territorios a los paises vecinos.