21 abr 2012

LAS SINGLADURAS CON MI VELERO "VAGAMUNDO" (1ª Etapa)

CASI ME MUERO EN LA MAR

Hay algo mas grotesco y desagradable que morirse atragantado por tus propios vómitos?

En un espléndido día del verano de 1994, uno de esos días en que te sientes pleno de vitalidad, con mucha seguridad y ganas de comerte el mundo, con un cielo totalmente despejado, viento suave del norte y la mar tranquila, levé anclas en las antiguas instalaciones náuticas del Casino de La Coruña y zarpé en solitario, sin premeditación ni previo aviso rumbo al sur con mi velero Vagamundo.

El Vagamundo era un motovelero de dos palos modelo Evasión 32 de Beneteau que tres años antes había comprado de ocasión en el noroeste de Francia con las ganancias que me habían proporcionado mis funciones como corresponsal en Cancún de un gran mayorista de viajes español y la prospección y diseño de nuevas rutas turísticas en los territorios mayas de Yucatán, Guatemala, Honduras y Belice.

Había pasado dos años reparando el Vagamundo y equipándolo para la navegación en solitario, estaba ya listo para zarpar en cualquier momento y cumplir por fin uno de mis sueños y asignatura pendiente, navegar en mar abierto en solitario y darme una vuelta durante algún tiempo por los mares del mundo, aunque en los dos años posteriores por problemas económicos y de salud sólo llegué a navegar con mi velero por el mar Mediterráneo y por el océano Atlántico hasta las islas de Cabo Verde.

Mi primera recalada fué en Muros, un agradable y pintoresco pueblo de las Rias Altas gallegas, allí, y ya totalmente decidido a continuar mi singladura tomé un autobús de ida y vuelta a La Coruña para coger ropa, dinero y pasaporte y despedirme de mi familia y amigos. Las etapas siguientes fueron de pleno disfrute en las Rias Bajas gallegas y en el norte de Portugal, dejando dias después por la popa el cabo Carvoeiro y arribando a Cascais, muy cerca de Estoril, sin el mas mínimo problema.

Una noche, después de hacer mis cálculos de navegación y de preparar unos bocadillos, con un cielo totalmente estrellado zarpé de nuevo con la intención de atravesar el golfo de Lisboa, doblar el cabo Espichel, y recalar ya al amanecer del día siguiente en el protegido y agradable puerto de Sesimbra, a la entrada de la bahía de Setúbal, al sur de Lisboa.

La primera parte de la travesía fué relajada y tranquila, el Vagamundo navegaba practicamente sólo a unos 5 nudos con el piloto automático y todas las velas desplegadas, pero ya acercándome al cabo Espichel comenzó a cubrirse el cielo de nubes, a soplar un viento del oeste cada vez mas fuerte y a levantarse mucho la mar. Tuve que arriar y rizar velas, desconectar el piloto automático y tomar con fuerza la caña del timón para evitar que el velero se atravesase a las olas y pudiese volcar.

Poco antes me había comido un bocadillo de atún, el caso es qué, agarrado fuertemente a la caña del timón y sin poder soltarla ni un sólo instante me mareé, comencé a vomitar y me atraganté con mis propios vómitos, allí no había nadie que pudiese relevarme ni darme golpes en la espalda para despejarme la tráquea, no podía respirar, se me nublaba la vista, y sentia con una total impotencia que me estaba yendo de éste mundo.

Fué la intuición la que me hizo levantar la cabeza y doblarme hacia atrás para abrir la tráquea y poco a poco comencé de nuevo a respirar y a revivir. Muchas veces pasé miedo en mi vida pero en muy pocas ocasiones me vi en una situación tan desesperante y extrema, poco a poco me repuse como pude y doblando ya el cabo Espichel me refugié en el puerto de Sesimbra.