10 may 2012

TRANSAFRICANA, DE MADRID A KENIA EN UN VIEJO CAMION. (5ª parte)

UN ESFUERZO SOBREHUMANO IRREPETIBLE

Cuando por fin llegamos a Bangassou a orillas del Ubangui nos esperaban dos grandes sorpresas, la primera fué encontrarnos con que sí que existía el "bak" que nos habían dicho, pero tirado en la orilla del río con un flotador agujereado, uno de sus dos motores inservible y el otro que no funcionaba. La segunda sorpresa fué encontrarnos allí a otro grupo expedicionario inglés de dieciseis personas con un viejo camión Bedford de los años 60. En Bangui les habían dicho lo mismo que a nosotros y llevaban ya varios días en Bangassou intentando convencer al consejo del pueblo de que les dejasen intentar reparar el "bak" dado que no vislumbraban ninguna otra posibilidad, descartando la de abandonar su camión, para cruzar el río Ubangui y entrar en la muy cercana república del Congo.

En el "bak" cabían justo nuestros dos camiones y los ingleses ya tenían estudiado como reparar el agujereado flotador y cómo reconstruir con las piezas de los dos motores estropeados uno sólo que funcionase, así qué sumamos esfuerzos hasta obtener la autorización del consejo local para comenzar con la reparación poniéndonos a trabajar de inmediato. La tarea no fué sencilla pero al cabo de pocos días el "bak" estaba reflotado y el ya su único motor a ralentí funcionando. Un nuevo problema que ahora surgía es que el motor se calentaba en cuánto lo acelerábamos un poco y no teníamos garantía alguna de que no reventase y nos fallase en la travesía, allí el río Ubangui era bastante ancho, y la pista que existía para acceder a la república del Congo y vía Buta llegar a Kisangani nos quedaba justo enfrente en la otra orilla, si el motor nos fallaba la corriente nos arrastraría rio abajo con escasas posibilidades de acceder a otras pistas terciarias que nos llevasen hasta el río Congo.

La única posible solución, aunque titánica y muy a la desesperada nos la dió la gente del pueblo ofreciéndose incluso a ayudarnos. Un kilómetro río arriba había un pequeño farallón rocoso y allí el río se estrechaba, la cuestión era conseguir remolcar con cuerdas y lianas trenzadas el "bak" hasta allí con los dos camiones cargados. Nos parecía desde luego una misión imposible pero no teníamos ninguna otra opción así que al día siguiente de madrugada nos pusimos manos a la obra, éramos mas de cien personas y unos por la orilla y otros con el agua al cuello por el río comenzamos a remolcar el "bak" río arriba. El nuevo problema con el que nos encontramos fué qué, a medida que remontábamos el río éste se iba estrechando y la corriente aumentaba con el cada vez mayor riesgo de que el "bak" se nos cruzase y se fuese el sólo río abajo sin nosotros poder hacer nada para impedirlo. El esfuerzo fué arriesgado y sobrehumano, pero ya casi anocheciendo lo conseguimos.

Después de reposar un día, todavía agotados pero muy ilusionados pusimos el motor en marcha y emprendimos la travesía del Ubangui, el motor aguantó al principio pero nos reventó ya antes de llegar a la mitad del río, la corriente nos arrastró rio abajo impidiéndonos llegar a la otra orilla, y ya sobrepasada la pista en cuestión nos dimos cuenta por los mapas que llevábamos que la única posibilidad que nos quedaba era dejarnos llevar por la corriente bastantes kilómetros río abajo intentando, con las muchas pértigas y precarios remos de largo y grueso bambú que por si acaso nos habían preparado los nativos y el timón del "bak", irnos poco a poco acercando a la orilla izquierda para no dejar pasar la siguiente y mucha mas precaria pista que aparecía en los mapas cercana a un afluente del Ubangui. Así fué como conseguimos por fin alcanzar la orilla de la república del Congo muy cerca de dónde comenzaba esa pista terciaria y muy cerca también de una pequeña aldea de pescadores bantúes.

Esta vez la aproximación fué mas fácil de lo que esperábamos, y ya llegando a la orilla fangosa del río saltamos unos cuantos con las cuerdas y estacas que llevábamos para clavarlas en la orilla y sujetar el "bak", el cuál después ya entre todos y también con cuerdas a la popa enderezamos. Al siguiente día, el camión de los ingleses, mucho mas ligero que el nuestro y que estaba delante tomó potencia y salió del "bak" como alma que lleva el diablo sorteando como pudo el barro de la ancha orilla y perdiéndose de nuestra vista sin esperarnos y sin detenerse para nada en la pista. Carlos Santos, que estaba ya al volante de nuestro camión con el motor encendido, se dió cuenta de que las estacas iban cediendo con el retroceso del camión de los ingleses y de que el "bak" poco a poco se iba apartando de la orilla, sin pensárselo dos veces, con mucha sangre fría y con la máxima potencia del camión hizo saltar a éste materialmente del "bak" logrando caer en la orilla aunque con tanta fuerza que nos quedamos enterrados en el barro, y lo que fué mucho mas problemático, rompiendo las ballestas del camión.

Por fin estábamos en territorio de la república del Congo, pero allí cerca lo único que teníamos era una pequeña aldea de pescadores llamada Yakoma en la que no había absolutamente nada excepto algunas chozas y piraguas para pescar en el río. La ciudad mas cercana con alguna posibilidad de encontrar repuestos era Bumba, a orillas del río Congo, y estaba a unos 250 kilómetros de selva virgen por una estrecha, oscura, embarrada y deteriorada pista terciaria. Decidimos en consejo que cuatro de nosotros emprendiésemos el camino a pié hacia Bumba en busca de ayuda, permaneciendo todos los demás en el camión para intentar durante los días siguientes, con las palas, el cabrestante y las planchas metálicas del camión que llevábamos, sacarlo del barro de la orilla y llevarlo hasta la pista.

Tardamos seis días en llegar a las proximidades de Bumba sin cruzarnos con ningún vehículo, tan sólo y muy de tarde en tarde con algún bantú que de repente salía de la muy intrincada, sombría y húmeda selva con su machete y algunas mujeres con sus vasijas de agua en la cabeza que iban o venían de algún pozo ó poblado cercano perdido en la selva. Pronto agotamos los muy escasos alimentos que llevábamos y tuvimos que recurrir a escarbar entre las raices de las palmeras para coger unos amarillentos y rechonchos gusanos que una vez chamuscados estaban realmente sabrosos, así como también las hormigas que con nuestras gorras recolectábamos después de escarbar alrededor de los gigantescos termiteros. Ya a unos 30 kilómetros antes de Bumba nos recogió un Peugeot 404 furgoneta de una misión católica en Ebonda cercana a Bumba en la que según nos dijo el conductor tenían una escuela, un hospital y una pequeña flota de camiones y camionetas para atender las plantaciones, y allí nos fuimos.

La verdad es que en la misión fuimos muy bien recibidos y atendidos, en los dos días que allí pasamos, inquietos por nuestros compañeros del camión, comimos y descansamos de maravilla y el mecánico jefe se ocupó de conseguirnos las ballestas que nos hacían falta y se prestó a que el conductor del Peugeot 404 con el que habíamos entablado cierta amistad nos llevase de vuelta a Yakoma. Una vez allí nos encontramos el camión ya en la pista cerca del poblado y a nuestros compañeros, aburridos y cansados de comer bananas, ñame y pescado y sin saber que era de nosotros esperándonos angustiados. Reparado el camión emprendimos ya sin mas dilación el camino de vuelta a la misión y a la ciudad de Bumba.

(*) Acabo de buscar por internet el pueblo centroafricano de Bangassou y cuál no será mi sorpresa al encontrarme que ahora tiene mas de 25.000 habitantes, muchas de sus desastrosas pistas asfaltadas, y hasta un pequeño aeropuerto!. En 30 años poco queda ya del mundo que nosotros conocimos.

(**) En ésa selva del Congo, en una pista aislada, no sé exactamente en qué lugar dado que me enteré casi un año después con motivo de una llamada que hicieron sus padres a los mío desde Logroño, murió de malaria cerebral Antonio Rodriguez Sangrador, el compañero de mi primera aventura africana en un Citroén Mehari.